RECUERDOS DE MI COLEGIO
A mis profesores del cole,
que tanto bregaron con este alumno.
EL AÑO DE LA INAUGURACIÓN, 1957.
Aquel mes de septiembre fue impactante para mí y, supongo, para muchos alumnos que pisamos el nuevo edificio del colegio de los Hermanos (HH.) Maristas. Con olor a pintura en las paredes inauguramos el nuevo colegio Santa María de la Capilla.
Me acuerdo que el pintor Francisco Baños, linarense, con su equipo de ayudantes estaba pintando el mural de la escalera principal del colegio, que estaba mediado. Se veían los rasgos a lápiz sobre la blanca pared, sobre los que se guiaban para distribuir colores. Ya se conocía el mural del mismo autor que había, y hay, en el frontispicio de la parroquia de Cristo Rey, también en la zona de expansión de aquel Jaén de hace casi medio siglo.
Recuerdo que de los dos grandes espacios, a derecha e izquierda de la escalera principal, el salón de actos y la capilla, uno de los dos estaba también a medio acabar. Nos topábamos, pues, con los albañiles y demás operarios. Era aquello sigo, no de provincialidad, sino de que el colegio anterior, que yo no conocí, era a todas luces insuficiente y se había quedado no sólo pequeño, sino muy distanciado del nuevo Jaén. Estaba situado nada menos que en la plaza de la Merced, en el actual palacio del Capitán Quesada, que ahora ocupan dependencias del Ayuntamiento de la ciudad.
¿Os acordáis cómo formábamos ante el balcón principal, en el interior del colegio? Creo que ahora se sigue haciendo igual, pero antes cantábamos, casi todos los días el himno de la Falange Española, el Cara al Sol. También se daban algunos avisos por la potente megafonía. Mientras, algunos rezagados iban llegando por las puertas laterales y se incorporaban a sus clases. Yo no era buen alumno, pero puntual y buen asistente, sí. Aunque pienso que la virtud era de mis padres que también trabajaban a la misma hora y nos llevaban a los hijos “p´alante”.
En el acto académico más importante del curso, que se celebraba en el Teatro Cervantes, allá por Navidad, se otorgaban unas medallas y títulos por el rendimeinto escolar y también por la “asistencia y puntualidad”. Yo recibí una de estas medallas, con una cinta azul, blanca y azul; era redonda y plateada y se veía a Santiago sobre un caballo, acudiendo puntual al fragor de la batalla. Siendo yo un alumno muy mediocre en aquellos años, tuvieron la justicia de reconocer que había sido fiel asistente y puntual a lo largo de un curso.
LOS HERMANOS (HH.)
Sean estas palabras dedicadas a ellos. Había bastantes entre el profesorado. Entonces lo raro era el seglar, que había pocos. Iban los HH. con su sotana siempre, incluso cuando peloteaban en algún recreo con nosotros. Abundaban los de Burgos, Vasconia, en fin, el Norte de España. Recuerdo que uno de ellos nos decía que “sería bueno que hubiera vocaciones maristas en Andalucía, ya que nosotros éramos muy alegres y ello era bueno para un marista”.
¿Tendría sentido ahora, tras largos años, recordar cosas o casos ingratos? ¿No es la educación algo en lo que intevienen muchos factores y personas, quedando las causas y los efectos de los hechos difuminados en un sinfín de variables? Por aquí me voy a escapar, amigo lector, y tal vez antiguo alumno y compañero, para no criticar cosas criticables, que las hubo. Un amigo que se dedica a la enseñanza me dice: “hagamos lo que hagamos, nos vamos a equivocar”. Este amigo y compañero, durante muchos años, no estuvo en Maristas, dicho sea en descargo de la orden religiosa, por el pelín de pesimismo que transpira. No estoy de acuerdo con él. Pero quiere mostrar con sus palabras lo difícil que es enseñar.
Los HH. de aquellos años (1957-1961) eran más seguros y autoritarios; se sentían educadores las 24 horas del día y de la noche. Tal vez algunos eran clasicitas en una España que lo era en demasía. Había también excelentes personas, recuerdo al H. Francisco, que nos daba Religión y era un “peazo de pan”. El H. Germán, de quien creo que se ha escrito, también, en estas páginas, era una institución. Uno de esos hombres que hace “comunidad escolar”. Lo recuerdo con su caja redonda de metal (como las de las galletas inglesas) con varias docenas de caramelos, pasando por las clases trimestralmente para premiar públicamente a aquellos alumnos que se habían superado, a indicación del profesor-tutor. ¡A mí me dio una vez un caramelo, por mejoría de notas! Sentí satisfacción interior.
¿AÑOS FELICES?
Nunca estuve en el Cuadro de Honor, la mayoría no estuvimos nunca. ¡No hay problema! El problema para mí era cuando mis padres no me dajaban ir los jueves por la tarde (sin clases en el centro de la semana para descansar) o los domingos mañana y tarde al cole. Aquel era el peor castigo para un alumno que “vivía el colegio con ilusión para (después) recordarlo con alegría”. Aquellos días de vacación sólo eran comparables a cuando Pinocho se ausentó de la escuela y se fue con sus amiguetes a esa feria ideal en la que montarse en los cacharros y tomar chucherías era totalmente gratis. Nos lo pasábamos “pipa” los Zea Carrillo, los Delorme, los Lombardo, los García Gómez, Anguita Bago, Joyanes, Linares, etc…
No era solamente lo que se disfrutaba en los enormes campos deportivos y recovecos del cole, era el descubrir Jaén (las vías muertas del tren, con vagones abiertos en los que se podía entrar; meterse bajo los puentes de las aguas fecales, con cuidado de no mojarnos los zapatos; ir hasta el Sanatorio de los Prados, en su plena naturaleza, cuando aún no estaba el hospital Princesa; y mil aventuras más que sería largo y tedioso para el lector). ¡Cuánto me podría extender describiendo ese mi primer Jaén, la ciudad, la capital de la provincia! Yo venía con mis hermanos y hermanas de un pueblo pequeño. Ir solo o con los amigos por una ciudad con muy escaso tráfico y de una seguridad casi absoluta, era un placer. ¡Había tanto que descubrir! Durante cuatro cursos bajé –bajamos y subíamos- desde la calle Almendros Aguilar hasta el cole de los Maristas. No sólo por la mañana, sino también por la tarde. Siempre a pie, siempre con los ojos abiertos, como le ocurre a los niños, que siempre están buscando cosas extraordinarias que contar o con las que admirarse.
¿Años felices? por supuesto que sí. Por supuesto que la felicidad no está reñida con las dificultades, los problemas, los traumas, las inquietudes de la familia, con la que los niños sensibles tanto se inquietan. Sí, hubo problemas, eran distintos de los de ahora. Pero se iban superando con buena voluntad, con algo de olvido, con una actitud compresiva, con el empuje de la vida hacia el futuro, en definitiva…
AGRADECIMIENTO Y LA VIDA SIGUE…
Ahora aquel alumno, inquieto, flojo en la concentración estudiantil, algo líder, resulta llevar más de un cuarto de siglo en la enseñanza; parece como si los hados del destino le hubieran marcado diciéndole: “ahora te toca a ti soportar a otros”. No tengo más que palabras de agradecimiento a los que tuvieron paciencia conmigo y ahora la siguen teniendo con mis hijos, que también son o han sido alumnos de los Maristas.
Me contaron que un hermano, cuando ya estaba muy cabreado se consolaba con los compañeros del claustro (hermanos y laicos) e increpaba así a los niños en general “¡cabritillos, ya creceréis!” Aquel -digamos eufemísticamente- corderito, que éramos, ya se convirtió en …un maestro-profesor con trienios y sexenios.
Y a los veinticinco años de la Promoción, porque yo repetí un curso (ahora no me importa reconocerlo), recibe el exalumno una carta por la que se entera que se está organizando la conmemoración por todo lo alto. Firma de Coordinación: Antonio Carrascosa, y es a la sazón el Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos, Antonio Serrano. Nos juntamos en aquella tarde-noche memorable de junio, en nuestro cole, casi toda la lista, bueno, la mayoría. Muchos casados, con sus mujeres, algún soltero, ningún cura o religioso –que yo recuerde-, algún separado. Los hijos –los que los teníamos- se quedaron en casa o en sus cosas.
En aquella tarde-noche, hacia 1989 (más o menos), me di cuenta que el Colegio en su estructura no había cambiado casi nada, habían tenido el buen gusto de mantenerlo con la mismísima decoración, colorido, lámparas, fachadas…; pero en lo que dirían los marxistas “la supraestructura”, ¡madre mía!, aquello no se parecía en nada a lo que yo dejé aquel lejano verano de comienzos de los sesenta.
Invitaron al H. Basilio, que estaba en el colegio de Granada. Se conservaba estupendamente y ya había cumplido los sesenta “tacos”. Nos dijo el secreto, en público, por ello lo recuerdo: “Mi secreto es éste: no cuento los años que he pasado en anteriores destinos, sólo los que llevo en el último lugar al que me he incorporado”.
Me pareció inteligente. Y deduzco como moraleja (se lo suelo inculcar, esto de la moraleja, a mis alumnos):
Si no quieres sufrir al recordar,
de lo malo lejano te has de olvidar.
Un abrazo para mis antiguos colegas en el alumnado.
Manuel Medina Casado
Torre del Mar, julio de 2000
UN NEXO DE UNIÓN
Texto leído en el Salón de Actos el día 17 de junio de 2006,
con motivo de las Bodas de Plata de la XXII Promoción
“No existe un nexo de unión más fuerte entre las personas que la amistad surgida en la infancia y en la adolescencia”
Queridos amigos:
Desde hace unos cinco años me ha venido Paco Pérez recordando continuamente las ganas que teníamos que llegara este día, por lo que, cuando recibí la invitación de Antonio García Fernández, Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos, para formar parte de la Comisión organizadora, acepté gustosamente intervenir porque me hacía mucha ilusión.
El mérito de la organización corresponde a Antonio y a su Junta Directiva, y a su experiencia de años anteriores, aunque hayan contado con nuestra opinión para todo. Creo, por tanto, que debemos darles las gracias por este momento. Sin embargo, a nosotros nos ha correspondido la tarea más difícil: localizar al mayor número de alumnos de nuestra Promoción, de un listado de trescientos cuarenta y tantos. ¡No sabéis lo laborioso que ha sido y el tiempo que hemos empleado! ¡Cuántas tardes, en mi caso, me he pasado en mi Despacho con el ordenador y el teléfono! (por cierto, ¡qué maravilla de herramienta es Internet!). Quiero dar las gracias a todos aquellos que, sin formar parte de la Comisión organizadora, han facilitado datos sobre otros compañeros que han hecho posible su localización. Aunque lamento que no hayamos encontrado a todos, que algunos de los hallados me hayan defraudado por no querer venir (¡ellos se lo pierden!) y que a otros les haya resultado imposible estar aquí hoy, la experiencia ha sido maravillosa. Después del empeño, incluso el ansia, con que se busca a un compañero que no ves, ni sabes de él, en todo o casi todo este tiempo, no os podéis imaginar la sensación de alegría que se tiene cuando consigues localizarlo y mantienes con él una conversación de una hora, en la que ambos regresamos a los años de Bachillerato y C.O.U., recordando a nuestros compañeros y profesores, nuestras vivencias y anécdotas, resultando que las recuerdas como si fuesen de hace cuatro días. Así me sucedió con Pedro Pablo Alcázar Romero -que me recordó una fiesta en el chalet de mis padres en el Megatín-, Alfredo Serrano Romero, Gonzalo Fernández de Córdova (con v) -que me causó envidia sana saber que vive en una casa en misma playa de El Puerto de Santa María-, Salva Peláez Navalón -que ha vuelto a ser motero después de diecinueve años-, Jesús Pérez Martínez, Isicio Henares Villoria, Pepe Valderas Alvarado, Carlos Espinosa Cárdenas -el “Paco Papas”, - que sigue tan guasón como siempre-, o Pedro Serrano Jaén -a quien yo no localicé, aunque puse mucho empeño, porque espero recuperar su amistad, truncada cuando se marchó del Colegio y de Jaén-.
Me emocioné cuando la madre de los gemelos Mateo Segovia, que me informó del fallecimiento de Leandro hace diez años y de la enfermedad de Santiago, con voz temblorosa se despidió de mí con un: “¡Gracias, hijo mío, por haber llamado!” Y es que, para una madre, no hay nada como sus hijos, y que se acuerden de ellos después de tantos años.
Pero lo más sorprendente me ha sucedido cuando he hablado con compañeros de EGB. que se fueron del Colegio cuando éramos chicos, como José Luis Martín Diéguez, José Miguel Rama Valero, José María Luzón Cánovas o Pedro Lainez Casado. Con éstos había un inicio de rigor: “¿Eres fulanito? Mira, soy Emiliano Sánchez Dolset. (Entonces los apellidos eran muy importantes-) Fuimos compañeros de los Maristas de Jaén. ¿Te acuerdas de mí? Estuvimos juntos en 2º -ó 3º, ó 4º, o vete tu a saber- de EGB.” Entonces yo intuía su sorpresa al otro lado del teléfono, y tras unas cuantas pistas sobre profesores y alumnos, recordábamos los años en el Colegio. Pero lo increíble es que llegaba un momento en que la conversación ya no era sobre el Colegio y aquellos maravillosos años, sino, con toda confianza, sobre nuestras vidas, trabajos, familia, incluso algún problema... Y os preguntareis: ¿cómo es posible que dos desconocidos -porque la realidad es que ya no nos conocíamos después de treinta y tantos años- lleguen a intimar por teléfono de esa manera? Pues porque no existe un nexo de unión más fuerte entre las personas que la amistad surgida en la infancia y en la adolescencia; y a pesar de tantos años transcurridos, siempre queda una pizca de esa amistad nacida de los juegos en el patio del Colegio, que, aunque tenemos enterrada en lo más profundo de nuestra memoria, hace que afloren esos añorados recuerdos del periodo más feliz de la vida de una persona, cuando tus problemas más grandes son las notas. En fin, amigos, aunque todos tenemos nuestras vidas, me he dado cuenta, durante esa tarea de búsqueda, que algo fuerte quedó de aquellos años tan maravillosos vividos en este Colegio, donde, además de aprender y empezar a formarnos como hombres y mujeres, ¡lo pasamos realmente muy bien!
Por eso, para terminar, voy a leeros un correo electrónico que nos remitió Juan Pedro Toledano Santiago a los que hemos formado parte de la Comisión de nuestra promoción, porque creo que lo que cuenta Juanpe, y la forma en como lo expresa, resume lo importante que ha sido nuestro Colegio para todos nosotros, incluso para las chicas, que sólo han estado un año. Previamente he tenido que “retocarlo” un poco, porque ya sabéis que el maldito “correo electrógeno” es casi tan pernicioso como los mensajes de los móviles, aparte de una pequeña “censurilla” que sólo unos pocos conocen.
Dice así:
“Soy Juanpe Toledano. Siento no poder estar con vosotros el día de nuestro aniversario, pues, por primera vez, he accedido a acompañar a los imberbes de Bachillerato que soporto desde hace tres años, a ir de viaje de estudios (eso sí, van a tener que patear en Grecia más piedras que en toda su vida).
Así que, en la fecha en cuestión, en la que siempre estoy aquí, en Vera, ese día estaré en Atenas acordándome mucho de todos vosotros y de aquel viaje loco que hicimos a Torremolinos cuando estábamos en 8º, que robamos medio aeropuerto de Málaga, ¿os acordáis? (-Yo sí que me acuerdo, pues no se me ha olvidado el cabreo de D. Juan Nieto en el autobús, cuando trincó a dos, a uno que no recuerdo y a otro cuyo nombre omito, y los mandó a devolver lo sustraído. Pero sigo.-) Me emocioné vivamente cuando recibí vuestra comunicación y lo he intentado todo, pero no he podido cambiar las fechas del viaje.
Espero que lo disfrutéis a tope y que la gente se encuentre muy bien y con la moral por todo lo alto, ya que seguro que seguimos siendo los mejores. A mí no ha dejado de decírmelo todo el mundo por la calle allí donde me encontraba: en Córdoba, Huelva, Túnez, La Habana, El Cairo, Edimburgo: "¡Tío!, pero... ¿tú no eres uno de la quinta del 69, del famoso 2º B del Hermano Fernando?" Nuestra fama ha llegado tan lejos que aún hoy me veo obligado a poner de patitas en la calle a algún listillo de mis alumnos que no deja de mencionarlo, y a pedir, un día tras otro, que les repita de nuevo la historia del "guassharro"; y la de la pota de galletas con Cola-Cao; y que les cante "Clavelitos de mi corazón" con aire y papada de guanche jaenero.
Os echo, y os echaré, de menos mientras viva y mientras enseñe, pues, de vez en cuando, cuando llega algún alumno de aire despistado y malicioso, todavía sigo sin poder reprimir una sonrisa con nuestra imagen en la mente y, (con una leve inclinación hacia atrás de la cabeza y levantando las cejas y el índice de la mano derecha, decir un) "¡a veeeer, yia!”, que se me sale por la boca con la confusión e incomprensión del adolescente (y ESOusto mental) público asistente.
Ojalá que salgáis "guapos" y reconocibles en la foto y que hagáis una orla conmemorativa para que sepamos por dónde van los tiros, las entradas, las cenizosas molleras, calvas, prótesis abdominales y demás desperfectos y azares de la edad.
¡¡¡GRABADLO TODO!!! ¡¡¡EXIJO ARCHIVO SONORO, AUDIOVISUAL Y PIRATEADO CON B.S.O. EN EL E-MARISTAMULE DE INMEDIATOOOOO!!! (Cena no incluida). ¡Pedid fotos para que las veamos los que no podemos veros in situ! En fin, compañeros, se despide de vosotros Juan Pedro Toledano Santiago, ex-alumno de Maristas hasta la médula y profesor de Literatura Española (y Universal) en su escaso tiempo libre: una esposa, dos hijas de diez y doce años, una coneja de dos y medio, una suegra de dos infartos, una hipoteca interesante, y otra por venir, y una biblioteca de cientos de volúmenes sin leer.
P.D. La foto está dedicada al Zabala.” (La foto ha sido incluida en el montaje que veremos a continuación).”
Emiliano Sánchez Dolset
Alumno de la XXII Promoción
Sólo estuve un año
«Sólo estuve un año pero ese año fue suficiente para que la impronta marista quedará para siempre en mi corazón»
El pasado 17 de junio disfruté de unas entrañables horas con profesores y compañeros de la XXII Promoción. Desde las cinco de la tarde, y hasta altas horas de la madrugada, convivimos en el Colegio todos aquellos que durante equis años de nuestra vida conocimos, aprendimos y compartimos el espíritu marista. Digo equis años, y digo bien, porque aunque la XXII Promoción abarca desde el año 1969 hasta el 1981, no todos los que estábamos habíamos sido alumnos del Colegio todos esos años. Algunos, la mayoría, sí pasaron toda su infancia y juventud en esas ya legendarias aulas; otros fueron alumnos sólo en la época de Primaria; los hay que ingresaron más tarde, en BUP; y por último, otras, las niñas, sólo estuvimos un año. Sí, sólo estuve un año, pero bastó para que durante el resto de mi vida el año de COU no se me haya olvidado. No he olvidado a profesores, no he olvidado las aulas, los patios…y no he olvidado a aquellas personas (compañeros y amigos) que en una época importante en la vida de todos pudimos compartir ilusiones y desencantos, risas y lágrimas…recuerdos, tantos recuerdos
guardados que salieron de nuevo a la luz el pasado 17. El acontecimiento comenzó con una simpática recepción en el vestíbulo del Colegio. Confieso que tanto Ana, con quién entré, como yo pensábamos si después de 25 primaveras más seríamos capaces de convivir de nuevo con esos profesores y compañeros de antaño. ¡Por supuesto que sí! Nada más entrar, caras conocidas salieron a saludarnos y en un instante estaba completamente trasladada al curso 1980/1981. Todos teníamos 25 años más, pero la alegría de nuestras caras y el brillo de nuestros ojos decían que éramos los mismos y las mismas, y que allí de nuevo estábamos otra vez juntos.
Algo tuvo ese Colegio que fue capaz de congregarnos a más de 80 antiguos alumnos, algunos de los cuales vinieron desde muy lejos. Tras la recepción, recorrimos el Colegio evocando (algunos evocaban más que otros) aquellos maravillosos años. Al llegar al aula donde cursamos COU, rápidamente me senté en la que creí que fue mi banca, y con muchos de mis compañeros. Hicimos fotos recordando ciertos momentos, algunos más felices que otros, pero todos entrañables de aquella época. La entrega de insignias y diplomas, con los divertidos discursos de Emiliano y Tato, fue maravillosa. Todos nos sentimos orgullosos de recibir ese diploma y esa insignia que con modestia, humildad y sencillez lucimos en nuestras solapas.
El pase de fotografías de las fichas de cuando éramos niños y niñas fue de carcajada. Y tras la ofrenda floral al fundador Marcelino Champagnat asistimos a una recogida y bonita Eucaristía en la capilla del Colegio, donde dimos gracias de estar reunidos en SU NOMBRE y pedimos por todos aquellos que ya no están con nosotros y por todos los ausentes que, por uno u otro motivo, no pudieron acompañarnos. En el terreno donde se ubicaba la que fue piscina del Colegio, se celebró una cena de convivencia. Disfruté enormemente con todos. Se percibía la alegría del momento y la tremenda ilusión del reencuentro. En mi mesa se recogía la idea de no dejar pasar tantos años sin vernos, debíamos disfrutarnos más a menudo. Percibí, y no creo que me equivocara, verdadero cariño entre nosotros y estoy segura de que estemos donde estemos, todos y todas seríamos capaces de acudir a la voz de la amistad. Gracias a toda la Asociación de Antiguos Alumnos, a su presidente Antonio García. Gracias a toda la Comisión organizadora por la estupenda labor realizada y por habernos brindado la ocasión de disfrutar, de esas horas, todos juntos.
Sólo estuve un año pero ese año fue suficiente para que la impronta marista quedara para siempre en mi corazón.
M. ª LUISA DEL MORAL LEAL
Antigua Alumna de la XXII Promoción
SENSACIONES EN LOS XXV AÑOS.
Es difícil describir la sensación que me produjo la primera carta que recibí a cerca de la reunión que tendría lugar en nuestro colegio con motivo de los 25 años de nuestra promoción. Tras rápida lectura y dada la lejanía del evento, creo que quedó gravado en alguna parte de mi subconsciente fecha, hora, lugar etcétera, de una convocatoria poco atractiva para mí, en principio, sin que ello se debiera a causa o motivo aparente y justificado. Sinceramente no soy amigo de reuniones multitudinarias ni de celebraciones y actos más allá del mero ámbito familiar y personal.
Con el paso de los días, a medida que hablaba con otros compañeros y me exponían sus motivos acerca de su inasistencia al acto, no hacía sino confirmar que quizás cuando se celebrara el 50 aniversario, si es que esto sucedía, igual asistiría, pero lo que era el de los 25 años tenía toda la pinta de celebrase, eso si, sin mi presencia. El agradable y a la vez desagradable y lejano recuerdo de una época ya superada parecía ser determinante a la hora de decidirme qué hacer o, en su defecto, dejar de hacer ante la propuesta de la asociación de antiguos alumnos de nuestro colegio.
Afortunadamente, el paso del tiempo nos hace cambiar, o por lo menos a mí, la percepción de las cosas y no sé si consciente o inconscientemente procuro aletargar las malas experiencias y recordar lo que de bueno hubo, y fue mucho, mi estancia durante 13 años en este, mi colegio. No sería justo, pensé, no asistir a un acto en el que es probable estén tantas y tantas personas con las que compartimos y vivimos en mayor o menor medida fatigas y alegrías y que en esa etapa de nuestra vida influyeron de similar modo que pudieron hacerlo nuestros padres y hermanos. No sería justo por ellos, perder la oportunidad, quizás única, de volver a reunirnos por escasas horas con aquellos que fueron y son nuestros amigos en él más amplio sentido de la palabra.
Con la idea expuesta anteriormente y, por qué no decirlo, ilusionado cual adolescente (de los de antes) en busca de su primera cita, me dirigí puntualmente camino de nuestro colegio en el día convocado. Subir las escaleras de la puerta principal me produjo una rara sensación achacable a las escasas veces que, en otros tiempos por allí pasamos los que, en este día éramos los protagonistas. Ya en el interior la primera impresión es de estar totalmente perdido, no reconozco la cara de muchos y de los nombres mejor no hablar, parece como si el alzheimer hubiera de pronto afectado a mi cerebro. Afortunadamente el café y la copa relajan el reencuentro y sirve para despejar la confusión mental que me domina en esos momentos.
La visita al colegio me sorprendió gratamente, pues no aprecié cambios significativos en el interior del mismo, pasillos, distribución aulas y demás sitios conocidos. Todo estaba casi igual que como lo recordaba. Y en el fondo más de uno imagino que por un momento pensó retroceder a aquellos años y de reojo quizás miró asustado hacia atrás para ver si se acercaba tal o cual hermano.
Acertada en particular fue la visita a la sala de profesores porque para este compañero que os escribe siempre la imaginó como un tanto oscuro, donde se hablaba de nosotros y se evaluaban tanto nuestros conocimientos como nuestros progresos en nuestra formación. ¡¡Si las paredes hablaran ¡¡ . Por cierto, comentar la magnífica vista que se tiene desde la terraza de la sala de profesores. Al cabo de 30 años he logrado explicarme cómo podían los Hermanos sorprendernos en el semi-bosque de pinos del campo de fútbol, o saltándonos la tapia del colegio, o escondiéndonos en el frontón o,... Increíble, ¡qué bárbaro!, se ve absolutamente TODO.
Creo que en esa visita, a todos nos vinieron a la mente nuestros recuerdos, los pequeños detalles que creíamos ya olvidados. Sorprende, o por lo menos a mí, la capacidad de la memoria para almacenar vivencias, aunque vuelvo a insistir que fueron recuerdos muy agradables en su gran mayoría y ese pensamiento era el que debía de estar en sintonía con la jornada que esperábamos todos disfrutar. El día se organizó para pasarlo lo mejor posible, era el día de todos y para todos nosotros y no el día de nuestras malas vivencias y peores recuerdos. Opino sinceramente que aquel que fue allí, si es que asistió alguno con este particular espíritu, debió de encontrarse quizás un poco desplazado. Quiero pensar que en todos y cada uno de nosotros todavía hay algo de aquellos innegables valores que a lo largo de esa dilatada etapa de nuestra vida nos inculcaron tanto los hermanos maristas como profesores y con mayor dedicación nuestros padres. Creo que es ahora, al cabo de todos estos años, cuando más debemos pensar en todo esto, pues no debemos de olvidar que es ahora cuando están, donde en su día estuvimos todos nosotros, nuestros hijos.
Desconocía el nuevo destino dado a lo que era la antigua piscina. Nunca llegué a bañarme en ella. Creo que el tamaño de la misma y la cantidad de zagales que concurrían en esos escasos días que se declaraban de “puertas abiertas” actuaba en mi mas como revulsivo que atractivo. Mejor destino es el dado actualmente y estupendo lugar para celebrar el que fue nuestro día.
Terminada la cena nuevamente el disco duro de mi cabeza vuelve a funcionar de manera acelerada justo en el momento en que los, en su día nuestros profesores, toman la palabra para agradecernos nuestra asistencia. Me resultó inevitable acordarme de todos aquellos que de una forma u otra, fueron por mí considerados como algo más que hermanos maristas, profesores o educadores. Me gustaría recordar y que recordéis por medio de estas líneas al, para mí querido, hermano Emiliano, burgalés entrañable donde los hubiera con su excepcional calidad humana, su infinita paciencia, y por qué no decirlo de justificado carácter, pues estoicamente aguantaba lo que en estas líneas no puedo contar, y al que tuve la suerte de conocer antes y después de que me diera clase. Hermano Emiliano, de todo corazón, gracias
Y felicitar para finalizar estas extendidas líneas, a la comisión organizadora y a cuantos hicieron realidad esta excepcional y emotiva jornada. Lamentar la falta de muchos, pues se notó su ausencia, y en especial de los que, desgraciadamente, ya no están entre nosotros.
Por último agradecer a los Hermanos la labor realizada durante todos estos años con nosotros y en general con las múltiples generaciones que hemos pasado por el colegio. La ausencia de la mayoría de ellos me hace decirles, a los que me consta que todavía siguen en el colegio, gracias por todo y en especial a mi estimado Hermano Manuel Rubio.
César Vargas Zueco.
Antiguo Alumno de la XXI Promoción
SIGUEN AHÍ
La verdad es que no había decidido si ir o no ir. Estaba un poco pendiente de cómo regresaría de un viaje que, el día anterior, había tenido hasta Málaga.
Volví tarde, de noche, y pensé que una vez que el sábado terminara de comer, decidiría. No quiero que esto suene a apatía, simplemente el cansancio acumulado de un año de trabajo, algún problemilla familiar, que luego algunos conocieron, y el hecho de pensar que el acto podía ser algo más social que emotivo, me tenía un poco atascado.
Pero fui. No a la hora que comenzaba la visita, pero fui. Y la verdad es que me alegro de haberlo hecho porque, se dice pronto, veinticinco años después de haber dejado los Maristas, volví a ellos y, sobre todo, a encontrarme a un buen puñado de compañeros a los que uno suele ver a veces por la calle mientras que de otros no tenía ni noticias.
Y el caso es que la noche se convirtió en algo agradable y, sobre todo, en una velada con una característica que es por la que me suelo guiar en ocasiones de este tipo: a pesar del tiempo pasado, no hubo que hacer esfuerzos especiales en iniciar una conversación, no hubo que rememorar anécdotas, motes o similares para “entrar en caliente”.
Han pasado veinticinco años, sí, pero no hubo que hacer ningún esfuerzo especial para recuperar conversaciones, no melancólicas sino actuales, y para preguntarnos qué nos había deparado la vida a lo largo de todos estos años. Y creo que eso es lo más importante de esa noche: que, a pesar del tiempo pasado, comenzamos a hablarnos con la naturalidad del que sabe que va a encontrar a alguien con quien ha compartido unos años importantes de su vida. Y eso es lo mejor. Saber que están y siguen ahí. Y, por supuesto, el recuerdo a los que ya no están y, si me lo permitís, en especial a Manolo Castellano.
Un fuerte abrazo para todos.
Aurelio M. Villar Colmenero
Antiguo Alumno de la XXI Promoción
A MIS COMPAÑEROS DE LA XX PROMOCIÓN
Texto leído en el Salón de Actos
con motivo de las Bodas de Plata de la XX Promoción
Cuando hoy hace aproximadamente un año, fui invitado por el presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos , Antonio García, a formar parte de la comisión organizadora del 25 Aniversario de la XX Promoción, no pude imaginar el sinfín de sensaciones experimentadas durante estos meses.
A partir de Octubre comenzamos las reuniones mensuales y nos pusimos a trabajar sobre una muy extensa lista de compañeros entre los que os encontrábais todos vosotros.
Durante todo este tiempo nos invadían sensaciones de dolor, al ver que algunos nos han abandonado para siempre y también de tristeza, al comprobar que todavía hay quienes no guardan un recuerdo agradable de su estancia en este Centro aunque afortunadamente son muy escasos. Por el contrario la inmensa mayoría acogió con entusiasmo la iniciativa de esta noche.
Tengo que decir que en este tiempo las conversaciones telefónicas y personales con vosotros y el trato a través del correo electrónico han hecho que esta comisión organizadora se sienta rejuvenecida, satisfecha y honrada con vuestra presencia. Desde aquí os animo a que proliferen actos de este tipo, y creo que la Asociación de Antiguos Alumnos es una muy buena herramienta para ello.
Recuerdo los consejos de la Junta Directiva que comparaba esta noche con un tren que no tiene retorno y en el que sólo hay una estación de salida. Todos los aquí presentes hemos cogido ese tren.
Como soy de Ciencias y lo mío no son los discursos, gracias por vuestra presencia y en especial para todos aquellos que os habéis tenido que trasladar, en algunos casos desde tan lejos. Tened presente que la distancia no será obstáculo para que tengamos siempre un cariñoso recuerdo en nuestro corazón.
Para finalizar no sería justo si en nombre de la Comisión Organizadora no agradeciera a la Junta Directiva su iniciativa, y en especial a nuestro compañero Antonio Luque el trabajo tan extraordinario con el que nos ha deleitado anteriormente y que posteriormente recibiréis en vuestra casa para que algún día, cada vez más cercano, podamos enseñárselo a nuestros nietos como las batallitas de los abuelos.
Que lo pasemos lo mejor posible y que podamos de alguna manera reanudar esa relación que quedó aletargada hace 25 años.
Juan de Dios Vacas Carrillo de Albornoz
Antiguo alumno de la XX Promoción
EL TIEMPO VUELA... Y LAS SENSACIONES VOLARON TAMBIÉN
Cuando en multitud de ocasiones hemos oído esta expresión acerca de la volatilidad y de la rapidez con que pasa el tiempo, no podría imaginar que en la Reunión del 25º Aniversario de la 20ª Promoción de Antiguos Alumnos Maristas de Jaén, alumnos que estuvimos en el colegio entre los años 1967-1979, este aspecto fueran tan sumamente sutil y perceptible, entre todos los que el pasado día 19 de Junio pudimos “vivir” esta concentración de antiguos compañeros.
Pero aunque había “volado” el tiempo, en ese momento, en espacio de horas, se recuperaron multitud de sentimientos y sensaciones que, de no vivirlo, es difícil de explicarlos a lo que no estuvieron.
Las sensaciones que teníamos en el instante de las presentaciones entre nosotros mismos, los problemas incluso, en algún caso, para el reconocimiento personal de algunos de nosotros, pero sobre todo, la ansiedad que se “percibía” en esos momentos, es una emoción que nunca olvidaremos, y que auguraba en nosotros el reconocer ese día como “uno” de los importantes en nuestra vida.
Y mientras tanto, en el fondo fluctuaba una inmensa alegría por el reencuentro con muchas personas, que en algunos casos no veíamos desde hace 25 años al vivir fuera de Jaén, y que es algo que, vuelvo a repetir, ya desde esos momentos iniciales de la reunión lo apreciábamos, y nos sentíamos orgullosos de haber acudido a la cita con el destino de cada uno.
Pero es que el tiempo también “voló” durante las horas que duró el acontecimiento, significativo de que todo el mundo que asistió a la llamada de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio, lo pasaron verdaderamente bien, y creo que no sólo ellos, sino también sus acompañantes.
Era interesante comprobar las impresiones de aquellas personas que desde hacía tiempo no visitaban el colegio y que le sorprendían muchos de los aspectos del mismo, bien por que hubieran cambiado ó bien por el hecho de estar como cuando ellos lo dejaron; pero de cualquier manera, muy entusiasmados por volver a apreciarlos, a vivenciarlos, y poder comprobar como a todos nosotros nos “volvían a volar” en nuestras mentes, gran cantidad de recuerdos de cuando estuvimos estudiando en los H.H. Maristas.
Muchos compañeros nos agradecieron el hecho de que los componentes de la Comisión Organizativa nos hubiéramos acordado de ellos, incluso lo decían con lágrimas en los ojos, lo cuál, aún más, nos hacía ver y reflexionar sobre la importancia de este acto; pero sobre todo para aquellas personas que vinieron de fuera de Jaén, algunos de ellos desde muchos cientos de kilómetros, y que soy yo, a los que, en mayor medida, les doy las gracias por haber acudido a este evento.
Sobre la eucaristía, comentar que para mí fue muy emotiva, tanto por el entorno en sí, como por el recuerdo hacia compañeros ya fallecidos, pero que siempre estarán entre nosotros.
Es evidente que en este ambiente, la cena debería ser un éxito, como así lo fue, y en la cual todos pudimos relacionarnos y compartir más detenidamente con nuestros antiguos compañeros, así como con nuestros antiguos profesores, a los que también habría que valorar el esfuerzo por su asistencia y el cariño que nos demostraron en todo momento y a los que desde aquí, les quiero agradecer su dedicación profesional hacia nosotros, como parte también fundamental de nuestra educación en nuestra vida.
Por último reconocer que la organización y la planificación del acto fue muy buena, por lo que felicito a la Junta Directiva de la Asociación de Antiguos Alumnos de los H.H. Maristas, y sobre todo a su Presidente, Antonio García, por el gran trabajo que cada año hacen para que exista un acto tan entrañable como el comentado.
Gracias a todos por el rato tan significativo que pasamos, en el que se entrecruzaron sensaciones y sentimientos, y que siempre recordaremos.
Un fuerte abrazo
Fdo. Antonio J. Sánchez-Cañete Moreno
Antiguo Alumno de la XX Promoción
Jaén, 23 de Junio 2004
NO ESPERAR SENTADOS LOS PRÓXIMOS 25 AÑOS SIN HACER NADA
Me pongo delante del ordenador a dar forma a este nudo de sentimientos temporales que recorre mi garganta, no aspiro a que nadie me consuele, compadezca o entienda, tan sólo a quedar bien conmigo mismo durante unos instantes y a no resignarme a estar sentado y ver el paso del tiempo.
Tengo que reconocer, que soy un auténtico sentimental y quizás sea por aquello de la morriña temporal pero todo lo que huele a pasado me gusta y atrae, especialmente si lo recuerdo con agrado. Pues bien, días pasados forme parte del 25º aniversario de la XX Promoción (1967-1979) de alumnos del Colegio HH. Maristas. Todo comenzó cuando...
...Me crié en una pequeña aldea. Mi mundo era la escuela y la naturaleza: jugar a los vaqueros, a las bolas, a los coches, tocar las latas, buscar nidos, cazar insectos,...etc. ,¡ fui un niño muy feliz! ¡no cambiaría mi niñez por nada en el mundo! Tal vez, por eso, pasó tan rápida y sin apenas darme cuenta terminaba. Pronto empezaría una nueva etapa en mi vida. La decisión le correspondió, como era normal, a mis padre, que trataron de buscarme el mejor rumbo, el más seguro y éste apuntó al colegio de los HH. Maristas de Jaén.
El 15 de septiembre de 1975 a las 9 en punto tocó la sirena. Estaba desconcertado en el patio y no sabía qué hacer. Antonio Morillas (el portero) y el Hermano José Oriol (de la sección interna de mayores) fueron los encargados de orientarme, primero, y llevarme a clase, después; ¡menudo comienzo! Mi adaptación no fue rápida ni todo lo agradable que hubiese deseado a pesar de comprobar que los "curas" eran personas de carne y hueso y mis compañeros no eran adolescentes retorcidos. Tenía que estudiar en serio, el horario para levantarnos, desayunar, ir a clase, almorzar, estudiar, etc. era exigente y riguroso (estuve 1°, 2° y 3° de B.U.P. interno y C.O.U. externo), tan sólo los viernes nos dejaban ver fuera del horario establecido el programa de Félix Rodríguez de la Fuente "El Hombre y La Tierra" .En clase, si no te preguntaba D. José García oral en Lengua y Literatura, era D. Sebastián en el corro o el Hermano Manuel Rubio en la pizarra el problema de turno de Matemáticas, o el escrito en Ciencias Naturales y para colmo tenías que llevar los dibujos de D. Francisco Espinar, la traducción de Francés del Hermano Fernando y no sé yo cuantas cosas más; me faltaba tiempo para todo. La Educación Física de D. José Carlos Cámara era dura, sobre todo si tocaba hacer circuito o jugar al fútbol en contra de los compañeros Cazalilla, Olivares y Carmona, que jugaban de “putamadre" y estaba destinado a no tocar bola.
Poco a poco, y sin darme cuenta, llegaba la adaptación, el cambio de desesperación a tranquilidad, de inseguridad a seguridad. Lo notaba cuando estaba fuera del Colegio, quizás empezaba a ser un joven maduro. Pasó B.U.P. primero y C.O.U. después. A la lista de profesores mencionados se añadieron otros (D. Eduardo, D. Juan Nieto, Hermano Vera, etc.) hermanos que nunca me dieron clase pero con los que pasé mucho tiempo ( Torrientes, ,Benjamín, José María, Luis, Gregorio, etc.), y más compañeros/as. Con el tiempo comprendí que todo lo que soy se lo debo a esas cuatro paredes y a esas personas, desde el compañero que un día me gastó una broma que no llegué a comprender al que explicó un problema que no entendía, desde el primer profesor al último, del hermano marista al trabajador del Colegio y, por supuesto, a mis padres que renunciaron a una vida mejor por dármela a mí.
Terminada mi etapa de Maristas empezó la de Magisterio...Me casé en la capilla del Colegio y allí realicé mis primeros trabajos. Actualmente sigo viviendo en Jaén con mi mujer y nuestros tres hijos, alternando trabajo con mi gran pasión, el fútbol.
...mi compañera María del Mar Galván me invitaba a una reunión de antiguos alumnos. Para un nostálgico sentimental, como yo, podría ser una auténtica bomba de relojería revivir tantos y tan buenos recuerdos junto a ellos.
Llegó el gran día. Estaba cada vez más nervioso, no sabía qué ponerme, cogí las llaves del coche y, sin embargo, me fui andando, no sé por qué. Tenía miedo a...no reconocer a mis compañeros, pero cuando entré en portería me dio un "no sé qué, que yo qué sé " ...aquel era Manolo Chica, que estaba con Mariano, Rubio, Clemente y Carmona, en la esquina hablaban Gallardo, López Burgos, Sánchez López, Cazalilla , Toribio, la mayoría con menos pelo y con unos gramos de más pero los reconocí a todos, aunque de algunos no recordaba el nombre. ¿Y las chicas?, todas estupendas y guapísimas : M.ª Carmen, Margarita, Mercedes, Marisol, V. Eugenia, Ana … sin embargo los que menos cambiados estaban eran los profesores, ¿habrían descubierto la pócima mágica del tiempo?
El recorrido por el colegio, las fotos conmemorativas, la proyección de aquellos recuerdos, la ofrenda floral, la misa y la cena en la antigua piscina,...¡parecía estar en una nube! Fue todo muy bonito y emotivo. Allí, mientras tomaban la palabra los profesores y algunos de mis compañeros, tuve una amarga sensación que aún me dura (quizás fuese el último momento en el que algunos de nosotros tuviésemos la oportunidad de vernos y estar juntos). Me costaba trabajo pensar que ese instante se terminaría lo mismo que lo hizo la etapa escolar. La idea de tener que esperar otros 25 años no me seducía nada ¡No hay quién pueda manipular el tiempo! Sin embargo me compensaba, y de qué manera, por un lado la tranquilidad de haber superado 25 años, después mi reválida y afianzar esas mil razones por las que estoy orgulloso de haber pertenecido a la familia Maristas, y así lo manifiesto cada vez que tengo una oportunidad, como el sí de un matrimonio en su bodas de plata; por otra la certeza de tener claro que mi paso por el colegio fue la base fundamental en la que se sustenta mi persona y por último, el encontrar la solución a la cuestión temporal: "no esperar sentado el paso de los próximos 25 años sin hacer nada". ¡Ojalá Dios nos lo permita!
Ismael Almazán Román
Antiguo Alumno de la XX Promoción
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