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Gracias por convocarnos

Sábado 18 de junio, en el Colegio de Maristas de Santa María de la Capilla, estaba prevista una reunión de la promoción de los alumnos que hacían cincuenta años que salieron de allí, a formar parte del mundo universitario o del trabajo, “IV PROMOCIÓN (1955-61) -50º Aniversario.

Entre ellos se encontraba mi marido. Me propuso acompañarle. La verdad es que en un principio, no pensé hacerlo. Qué pintaba allí, entre un grupo de compañeros, no sería mejor que fuese él – me preguntaba- . A última hora me decidí para que no viajase sólo.

Nunca pude imaginar algo tan entrañable. Entramos en el vestíbulo del Colegio que me pareció muy bonito. Nada más subir las escaleras y abrir la puerta, caras amigas- desconocidas para mí- me ofrecieron un ramito de pequeñas violetas. Hacia bastante calor aquella tarde, pero estaban preparados ¿quieres agua, un refresco?

Acto seguido en el salón de actos, recepción por parte de la junta de la Asociación de Antiguos alumnos. Recorrido por toda la zona de aulas lo que dio lugar, a que poco a poco fueran reconociéndose los compañeros, venidos de distintos ciudades de Andalucía y alguno de algún punto mas lejano cómo Barcelona. Una vez terminado el Tour, Antonio García Fernández, presidente de la Asociación, los convocó en una sala que todos reconocían como “el antiguo gimnasio”, y con una sonrisa afable fue invitando a que se presentaran en una auténtica rueda de reconocimiento.

En ese momento observé algo que me fue introduciendo entre ellos, cada cual expresaba como si estuviesen en su clase entre sus antiguos compañeros, su identificación y algún rasgo de su vida pero curiosamente nadie se echaba flores ni por posición, ni por trabajo. El ambiente de sencillez estaba instaurado y humildad en la presentación de sus vidas. En este ambiente se sucedieron imágenes en power point con escenas ambientadas en esos años de Colegio.

Nos unimos una vez más en la celebración de la Eucaristía, acompañada por canciones de la época que por supuestos todos entonaban con fuerza, de nuevo el recuerdo de sus años en el Colegio se hacía presente.

Una vez superado el apagón de luz, que a pesar del contratiempo para los organizadores, creo que fue cuestión de segundos, pasamos a la cena preparada de forma exquisita en la zona donde estaba situada en tiempos atrás “la piscina” y con humor se invitó a quien tuviese ganas, a darse un chapuzón, “solo tenían que bajar unas escaleritas y pufff...”. Animadamente en todas las mesas las conversaciones versaban sobre el tema que convocaba, los años en aquel recinto, las bromas entre ellos, anécdotas en las clases, los motes a los profesores, el paseo de émulos (palabra que desconocía su significado hasta esta noche, que curiosamente me ha salido en el crucigrama) y alguna otra trastada divertida, que decidieron ponerlas en común al aparecer por allí, un micrófono que pululaba de mano en mano. Estábamos viviendo en los años sesenta y sus protagonistas se encontraban todos presentes, los que pudieron venir y los que no.

Cuanta verdad había en aquellas palabras de Jesús “si queréis entrar en el Reino de los Cielos haceros como niños”. Estábamos en el cielo con aquellos alumnos de unas cuantas décadas, convertidos en niños.

GRACIAS POR HABERLOS CONVOCADO y haber permitido a polizones como yo, que pudiésemos disfrutar estos momentos.

Trini Pérez Ballester

2011-06-19